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Rudolph, un regalo de Navidad

Hace tiempo que quería contaros la historia de Rudolph (ahora Togo). Rudolph, ahora Togo

Rudolph llegó al refugio en Diciembre, cerca de las fiestas navideñas, junto con Noel y Holly (de ahí sus nombres). Algún desalmado, los lanzó por encima de la valla del refugio. Tuvieron suerte y ninguno de los perros del refugio les atacó, cosa que sería del todo normal por sentirse amenazados por una presencia nueva. Con más razón si son 3 en lugar de 1. Y mira que tenemos un cartel en la puerta pidiendo por favor que, si vas a abandonar a un perro, lo dejes en el cobijo que tenemos en la puerta, atado y a cubierto, sin poner en riesgo a los perros de dentro ni a los que se abandona. Pues nada, hay cafres que lanzan por encima de una verja a un pobre perro como si fuera una pelota. 

Pero en fin, Rudolph llegó creo que un Martes. El domingo le conocí. Era un perro bastante sociable, se acercaba a conocerte, lleno de curiosidad. Con ese hociquito diminuto te olía y parecían gustarle las personas, a pesar de lo que le habían hecho antes. Se integró bastante bien en el refugio, de los 3, creo que fué el que mejor encajó. 

En seguida vimos que era joven, pero que ya tenía la edad suficiente para ser castrado, así que en cuanto hubo oportunidad, lo bajamos al veterinario para someterle a la operación. Recuerdo que era un Martes porque yo tenía reunión en la oficina. Tenía que llegar a recogerlo antes de las 20:00, pero las reuniones de los Martes se alargan, así que tuve que pedirle el favor a Eva que lo recogió y lo tuvo en su casa hasta que pude llegar yo.

Rudolph tomando el sol en el patioRecuerdo que al verlo estaba junto a ella, entregado en busca de caricias. Me lo traje a casa y me sorprendió lo bien que paseaba con correa. Mi perra, Roma le recibió estupendamente. En cuanto le preparé la cama, le acosté y le estuve dando un masaje para que se relajara después de un día tan intenso.. Rudolph pasó la primera noche con el collar isabelino, pero apenas se quejó. Era muyyyyy bueno. Luego, como no le hacía ni caso a la herida, le retiré el collar. Lo tenía vigilado constantemente.

Rudolph en la playa

Rudolph disfrutando

Durante las siguientes 3 semanas estuvo en mi casa. El perro se integró perfectamente y en cuanto estuvo recuperado de su herida, hasta me lo llevaba a correr. El tío se me cruzaba un poco porque estaba jugando, se notaba que disfrutaba muchísimo corriendo. Un día bajamos a la playa para que pudiera correr a gusto. Rudolph se volvió loco de contento, empezó a correr con Roma y conmigo, disfrutando de las olas, de la arena, del sol y del viento... Todo un disfrutón. 

ADOPTAComo el perro era tan bueno y tan bonito, pensé "Quien lo conozca, lo va a querer adoptar" así que le propuse a Chus confeccionar unos carteles para hacer notar que Rudolph estaba en adopción. Chus no tardó en elaborar varios carteles con goma eva y me los bajó a casa. Rudolph los llevó durante casi 2 semanas. La gente se paraba y preguntaba o símplemente comentaban entre ellos. Lo importante es que la gente sepa que hay perros en adopción, buscando una casa, un hogar responsable. Hay una protectora en Rincón de la Victoria y la gente debe saberlo. Rudolph se lo merecía. 

Pero pasaron los días y no aparecía adopción para Rudolph a pesar de nuestros esfuerzos. Otros perros necesitaban su hueco, así que me ví obligado a subirlo de nuevo al refugio con todo el dolor de mi corazón. Durante el tiempo que había estado en mi casa, Rudolph había hecho muchos amigos: Yako, Venus, Oli, Luni y Anouk, pero, sobre todo, Libia. Y esa fué la clave.

El día que lo subí, Carmen, la dueña de Libia, me llamó para decirme que querían darle una oportunidad, así que el mismo día que subió, volvió a bajar del refugio para pasar el fin de semana de prueba con ellos. Tienen gatos y queríamos ver qué tal reaccionaba Rudolph con ellos. Afortunadamente, todo salió a las mil maravillas y Rudolph se portó muy bien con ellos y con Libia. El domingo recibí una llamada que me alegró el alma en la que me dijeron que sí, que querían adoptar a Rudolph. Le pusieron Togo de nombre.

Y así fué, tuvimos algunos problemillas con los trámites, pero el perro ya no se movió de su nuevo hogar donde es querido y cuidado. Algunas veces me los encuentro por el paseo marítimo y el perro se vuelve loco de alegría, recuerdo lo bien que lo pasamos juntos y lo mucho que merece la pena ayudar a perros en situación de desamparo. Pensar que este pobre no habría tenido una oportunidad y que gracias al esfuerzo de todos y a la gran labor que hace la protectora, hoy vive en una casa feliz y cuidado y duerme calentito, me compensa cualquier cosa.

¡Gracias familia por adoptar a Togo!

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Paco APARIV
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Ximena APARIV
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